10 diciembre 2010

Lectura 12 de Diciembre-Adviento

Tercer Domingo de Adviento. Ayuda y servicio a los necesitados. Sembrar la esperanza.

El mensaje de la lectura de hoy es que merece la pena esperar, hay que esperar, debemos esperar, porque viene nuestro Dios, lo cual significa estar a la espera de lo que nos plenifique, nos llene y nos libere totalmente. Esperamos a Dios, lo que nos lleva a vivir desde ahora la alegría de la cosecha sin abandonar la tarea, a menudo dura, de ayudar a que nazca la semilla que ha sido sembrada.

Ya viene el rey, el Señor de la tierra. Con fe y pureza en el corazón preparémonos para la llegada de Jesús quien traerá alegría, justicia, misericordia, verdad, y paz. Abriremos nuestro corazón no a las cosas pasajeras sino a los bienes eternos, ahí estará nuestra fortaleza y la victoria nos acompañará por siempre.

La lógica de Dios no es una lógica de marginación de los pequeños, por el contrario, se trata de buscar la unidad a pesar de las diferencias. Todos somos importantes en su proyecto de igualdad y de justicia. Miremos hoy en nuestro entorno y seamos bondadosos y compasivos con aquellos que son olvidados y marginados, con quienes viven sin esperanzas, en la tristeza; ayudemos a los más necesitados sin olvidar que la mejor ayuda no es solo material, sino también la espiritual.
Aprendamos a amar la pureza, la belleza y la sencillez.

Inmaculada Concepción de Santa María Virgen. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales.

Esta semana recordaremos cuando el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret, a visitar a la virgen María desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?”
El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”.
María contestó: “Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.


“El Reino de los cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán. El que tenga oídos que oiga”.
La liturgia del Adviento nos introduce la figura de Juan el Bautista, Juan es Elías que anuncia la llegada del Mesías. No hay profeta más grande que él, porque él es quien abre la puerta a Jesús, el esperado, el Hijo de Dios, quien proclama el reino de Dios. En Juan Bautista toman rostro concreto las esperanzas del pueblo, es el tiempo de la salvación. Aprendamos a abrir nuestros corazones, del mismo modo que Juan abrió las puertas a Jesús.
Juan no vaciló en anunciar y señalar, con humildad, a Jesús como único camino de salvación; no tuvo temor de denunciar con valentía las injusticias e impiedades del pueblo y de los líderes civiles y religiosos. El reino lo conquistan los esforzados.


Ya viene el Señor, salgamos a su encuentro; él es el príncipe de la paz.

En lo pequeño es donde más habla Dios al hombre. En los que luchan por la justicia y la dignidad de las personas con un compromiso diario es donde se presencia con mucha fuerza el Espíritu de Dios.

Oremos:
Mira, Señor, a tu pueblo que espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo, y concédele celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón nuevo y una inmensa alegría.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Isaías (35, 1-6.10)
Esto dice el Señor: “Regocíjate, yermo sediento. Que se alegre el desierto y se cubra de flores, que florezca como un campo de lirios, que se alegre y dé gritos de júbilo, porque le será dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes.
Digan a los de corazón apocado:
‘¡Animo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos’.
Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un ciervo el cojo, y la lengua del mudo cantará. Volverán a casa los rescatados por el Señor, vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y la aflicción habrán terminado”.

Salmo Responsorial Salmo 145
Ven, Señor, a salvarnos.
El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente. Reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.

Segunda Lectura        
Lectura de la carta del apóstol
Santiago (5, 7-10)
Hermanos: Sean pacientes hasta la venida del Señor. Vean cómo el labrador, con la esperanza de los frutos preciosos de la tierra, aguarda pacientemente las lluvias tempraneras y las tardías.
Aguarden también ustedes con paciencia y mantengan firme el ánimo, porque la venida del Señor está cerca.
No murmuren, hermanos, los unos de los otros, para que el día del juicio no sean condenados. Miren que el juez ya está a la puerta. Tomen como ejemplo de paciencia en el sufrimiento a los profetas, los cuales hablaron en nombre del Señor.


Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (11, 2-11)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”
Jesús les respondió: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no
se sienta defraudado por mí”.
Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan:
“¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se lo aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él”.

Se dice Credo.

Oración de los Fieles
Celebrante:
Demos gracias a Dios que nos augura un porvenir de esperanza y prosperidad, y recojamos la voz de todos los que en su angustia, dolor o necesidad le reclaman y digámosle:
Ven, Señor, y sálvanos.
Para que la Iglesia prepare el camino de Jesús, que viene a nuestra tierra con un anuncio vivo y comprometido de su mensaje, cuestionando la mediocridad, desafiando las estructuras injustas, animando a los cansados y anunciando un ya cercano porvenir de esperanza y paz.
 Oremos al Señor que viene.
Ven, Señor, y sálvanos.
Para que la voz de los pastores y agentes de pastoral de la Iglesia se alce para anunciar, desde el compromiso con los más pobres, la llegada del Reino y su justicia.
Oremos a nuestro libertador.
Ven, Señor, y sálvanos.
Para que el clamor de la inmensa mayoría de los hombres y mujeres que carecen de lo necesario para vivir con dignidad, alcance de Dios la liberación que no les llega de ninguna parte, y un día sea acogido por los organismos internacionales y por la caridad de los cristianos.
Oremos al Príncipe de la Paz.
Ven, Señor, y sálvanos.
Para que, como María, los cristianos nos preparemos para acoger al Señor en nuestro corazón y, como Ella, hagamos lo que El nos dice.
Oremos al Dios
de la vida.
Ven, Señor, y sálvanos.
Para que con nuestra solidaridad y servicio fraterno anunciemos la buena noticia de la salvación, y no defraudemos el nombre que llevamos de seguidores de Cristo.
Oremos al que viene de parte de Dios.
Ven, Señor, y sálvanos.
Para que en este tiempo de adviento, quienes celebramos nuestra fe en Cristo que se hizo hombre, sepamos vivir en la búsqueda apasionada de la verdad que salva y la vida que nos santifica.
Oremos al Dios hecho hombre.
Ven, Señor, y sálvanos.

Celebrante:
Gracias, Padre, porque nos escuchas y porque nos das tu Espíritu para aguardar con paciencia la venida de nuestro Salvador; danos tu fuerza para mantenernos firmes en la verdad, y abre nuestros ojos para reconocerte presente en nuestras vidas.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Oremos:
Te pedimos, Señor, que este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio de Adviento III. Cristo, Señor y juez de la historia
Es justo y necesario.
En verdad es justo darte gracias, es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y juez de la historia, aparecerá, revestido de poder y de gloria, sobre las nubes del cielo.
En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.
El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino.
Por eso, mientras aguardamos su última venida, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión
He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Lectura 5 de Diciembre-Adviento

Segundo domingo de Adviento.  Mantener una actitud permanente de cambio, de conversión.
En la primera semana de adviento nos reconciliamos con las personas de nuestro entorno, nos enfocamos en el perdón, primero a nosotros mismos y luego en perdonar a quienes nos rodean, para de este modo limpiar el alma y poder acercarnos más a Dios, el primer paso debe ser acudir al Sacramento de la Reconciliación que no es otra cosa sino la Confesión o el reconocimiento de nuestros pecados, porque este acto es el único que nos hace abrir los ojos y ver las cosas en las que estamos mal, para tomarlos como punto de partida y corregir nuestra actitud.
Acoger a Dios significa creer que podemos ser iluminados, que podemos salir de la oscuridad y  quitarnos la ceguera espiritual, que podemos ser mejores individuos y esto nos hará abrir nuestros corazones para andar siempre por un camino en el cual dejemos atrás los miedos y los fracasos. Si extendemos este pensamiento entre todos los que nos rodean lograremos un hogar mejor, un mundo mejor, donde reine la bondad, la paz y la prosperidad.  Debemos ser agradecidos por las cosas que hemos logrado y poseemos para compartirlas con quienes nos rodean.
Ahora recordaremos los tiempos en que Jesús devolvió la vista a los ciegos que tuvieron fe en Él, y con ello aprenderemos a ser más compasivos con los enfermos y con las personas de capacidades diferentes, también aprenderemos que estando dentro de la enfermedad, si tenemos fe, encontraremos una recuperación más pronta.
En este tiempo tendremos presente que cuando Jesús multiplicó los panes y los peces, nos muestra que debemos tener siempre una actitud de compartir con quienes nos rodean, con los más necesitados y que eso nos llevará a superarnos como seres humanos.
Tomar conciencia y dar un mejor trato a quienes lo necesitan, como enfermos, marginados, necesitados y personas con capacidades especiales. Poner en práctica estas cosas es actuar dentro de los lineamientos de Dios. El secreto de la fe es la escucha y la práctica, la coherencia entre las palabras y los hechos.
El adviento es un tiempo para reflexionar y de revisar nuestra vida.
Segundo Domingo de Adviento
Primera Lectura. Isaías (11, 1-10)
En aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se posará el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de piedad y temor de Dios.
No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado y con equidad dará sentencia al pobre; herirá al violento con el látigo de su boca, con el soplo de sus labios matará al impío. Será la justicia su ceñidor, la fidelidad apretará su cintura.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se echará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos y un muchachito los apacentará. La vaca pastará con la osa y sus crías vivirán juntas. El león comerá paja con el buey.
El niño jugará sobre el agujero de la víbora; la creatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No hará daño ni estrago por todo mi monte santo, porque así como las aguas colman el mar, así está lleno el país de la ciencia del Señor.
Aquel día la raíz de Jesé se alzará como bandera de los pueblos, la buscarán todas las naciones y será gloriosa su morada.
Salmo Responsorial Salmo 71. Ven, Señor, rey de justicia y de paz.
Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.
Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era. De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra.
Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo; se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.
Que bendigan al Señor eternamente y tanto como el sol, viva su nombre. Que sea la bendición del mundo entero y lo aclamen dichoso las naciones.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstolsan Pablo a los romanos (15, 4-9)
Hermanos: Todo lo que en el pasado ha sido escrito en los libros santos, se escribió para instrucción nuestra, a fin de que, por la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza.
Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda a ustedes vivir en perfecta armonía unos con otros, conforme al espíritu de Cristo Jesús, para que, con un solo corazón y una sola voz alaben a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Por lo tanto, acójanse los unos a los otros como Cristo los acogió a ustedes, para gloria de Dios. Quiero decir con esto, que Cristo se puso al servicio del pueblo judío, para demostrar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas y que por su misericordia los paganos alaban a Dios, según aquello que dice la Escritura: Por eso te alabaré y cantaré himnos a tu nombre.
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (3, 1-12)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo:
“Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”.
Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.
Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.
Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su arrepentimiento y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto, será cortado y arrojado al fuego.
Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han arrepentido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias.
Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. Él tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.

Lectura 28 de Noviembre-Adviento

Primer domingo de Adviento. Perdón y conversión.

Que este tiempo nos ayude a meditar sobre nuestras vidas, para lo cual será buen ejercicio disfrutar este momento y renovar nuestro pensamiento despertando la misericordia hacia el prójimo, pensando que deberemos ser más amables, considerados y tolerantes con los demás. Abrir nuestro corazón a Dios significa adoptar un comportamiento más humano, ser mejores personas, ofrecer amor, aprender a vivir en paz con nosotros mismos y con los demás. Es tiempo también de perdón, así nuestros corazones estarán libres de rencor y odio. Optemos entonces por una actitud de cambio, de conversión, que nos lleve a vivir en un ambiente de armonía y amor.

Primera Lectura. Lectura del libro del profeta. Isaías (2, 1-5)
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén:
En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas y hacia él confluirán todas las naciones.
Acudirán pueblos numerosos, que dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor”.
El será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.
¡Casa de Jacob, en marcha!
Caminemos a la luz del Señor.

Salmo Responsorial Salmo 121(122)
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron: “Vayamos a la casa del Señor”! Y hoy estamos aquí, Jerusalén, jubilosos, delante de tus puertas.
A ti, Jerusalén, suben las tribus, las tribus del Señor, según lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Señor.
 “Jerusalén, que haya paz entre aquellos que te aman, que haya paz dentro de tus murallas y que reine la paz en cada casa”.
Por el amor que tengo a mis hermanos, voy a decir: “La paz esté contigo”. Y por la casa del Señor, mi Dios, pediré para ti todos los bienes.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos (13, 11-14)
Hermanos: Tomen en cuenta el momento en que vivimos. Ya es hora de que se despierten del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer.
La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz.
Comportémonos honestamente, como se hace en pleno día. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfrenos, nada de pleitos ni envidias. Revístanse más bien, de nuestro Señor Jesucristo y que el cuidado de su cuerpo no dé ocasión a los malos deseos.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (24, 37-44)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.
Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.

Ahora meditemos en qué deseamos hacer y cómo lo haremos para mejor nuestra vida y al de quienes nos rodean.

24 noviembre 2010

Adviento: Introducción

El adviento marca el inicio del año litúrgico cristiano. Es el período de preparación para celebrar el nacimiento de Jesús y renovar las esperanzas en la segunda venida de Cristo Jesús. (Liturgia: forma en que se llevan a cabo las ceremonias religiosas.)
Tiene una duración de cuatro semanas. Este año, comienza el domingo 28 de noviembre del 2010, y se prolonga hasta la tarde del 24 de diciembre, en que comienza propiamente el tiempo de Navidad.
La primera semana de adviento está centrada en la venida del Señor al final de los tiempos. La liturgia nos invita a estar en vela, manteniendo una especial actitud de perdó y conversión.
La segunda semana nos invita, por medio del Bautista a «preparar los caminos del Señor»;  a mantener una actitud de permanente conversión durante toda la vida.
La tercera semana preanuncia ya la alegría mesiánica, pues ya está cada vez más cerca el día de la venida del Señor.
La cuarta semana ya nos habla del advenimiento del Hijo de Dios al mundo. María es figura, central, y su espera es modelo y estímulo de nuestra espera.
El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia.

Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:
I Domingo
La vigilancia en espera de la venida del Señor. "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento". Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; revisando nuestras relaciones familiares. Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc.

Esta semana, en familia encenderemos la primera vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.
II Domingo
La conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista. Nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega".  El propósito es buscar la reconciliación con Dios.

En la semana anterior nos habremos reconciliado con las personas que nos rodean, ahora tenemos que acercarnos más a Dios, el primer paso debe ser acudir al Sacramento de la Reconciliación que no es otra cosa sino la Confesión o el reconocimiento de nuestros pecados, porque este acto es el único que nos hace abrir los ojos y ver las cosas en las que estamos mal, para tomarlos como punto de partida y corregir nuestra actitud.
Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
III Domingo
El testimonio, recuerda la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.
Debemos fomentar la devoción a María, rezando el Rosario en familia.
Encendemos como signo de espera gozosa, la tercera vela, color rosa, de la Corona de Adviento.
IV Domingo
El anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María. Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo".
Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que ésta cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades.
Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento
(Del primer Domingo de Adviento al 24 de diciembre).
Esta venida de Cristo, anunciada ya por los Profetas y a que el Pueblo de Dios aspira, es una venida de misericordia y una venida de justicia, en que aparecerá rodeado de gloria y majestad al fin del mundo, como Juez y supremo Remunerador de los hombres. Los Videntes del A. Testamento no separaron estos dos advientos. Por lo demás, ¿estos dos sucesos no tienen un mismo fin?
 “Si el Hijo de Dios se ha bajado hasta nosotros haciéndose hombre (1er advenimiento), ha sido precisamente para hacernos subir hasta su Padre” introduciéndonos en su reino celestial (2do advenimiento).

Texto-resumen basado en la transcripción de José Gálvez Krüger
Tomado de: Dom Gaspar Lefèbvre O.S.B, de la Abadía de S. Andrés
(Brujas, Bélgica)
Misal Diario
Desclée De Brouwer y Cia, Brujas, Bélgica

Bendecir la corona de adviento

Bendición de la Corona de AdvientoEn algunas parroquias o colegios se organiza la bendición de las coronas de Adviento.
Si no se pudo asistir a estas celebraciones, la puede llevar a cabo el papá o la mamá con la siguiente oración:

Señor Dios
Bendice con tu poder nuestra Corona de Adviento para que, al encenderla,
despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo
practicando las buenas obras, y para que así,
cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Todos: Amén.

Corona de Adviento

La corona
Origen: La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios.

Las cuatro velas: Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas de la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Sugerencias
Elaborar la corona en casa motiva a todos para iniciar el adviento con un espíritu de alegría. Insta a platicar y conocer su significado. Debemos organizar bien todo antes de comenzar, así planificarnos para llevar un horario, distribuir los roles que cada quien vaya a desempeñar. De este modo designaremos, quién lee, quien prende las velas, quien pone la música, etc.

Calendario litúrgico 2010 (Adviento)

Es importante tener en cuenta que la numeración de los salmo varía según la biblia por el hecho de que el Salmo 10 en realidad es una continuación del 9 y muchos enumeran estos dos Salmos como uno solo. Aquí la numeración que se presenta es tal como aparecen en Reyna Valera. También es importante saber que hay Salmos que se repiten con diferente numeración Ej: el 70 se repite en el 40.13-17.
Calendario Litúrgico 2010 (Adviento)
Lectura 1SalmoLectura 2
Domingo28Isaías 2,1-5122Romanos 13,11-14Mateo 24,37-44
Lunes29Isaías 2,1-5122 Mateo 8,5-11
Martes30Rom. 10,9-1819 Mateo 4,18-22
Miércoles1Isaías 25,6-10a23 Mateo 15,29-37
Jueves2Isaías 26,1-618 Mateo 7,21.24-27
Viernes3Isaías 29,17-2427 Mateo 9,27-31
Sábado4Isaías 30,19-21.23-26147 Mat. 9,35-10,1.6-8
Domingo5Isaías 11,1-1072Romanos 15,4-9Mateo 3,1-12
Lunes6Isaías 35,1-1085 Lucas 5,17-26
Martes7Isaías 40,1-1196 Mateo 18,12-14
Miércoles8Génesis 3,9-15.2098Efesios 1,3-6.11-12Lucas 1,26-38
Jueves9Isaías 41,13-20145 Mateo 11,11-15
Viernes10Isaías 48,17-191 Mateo 11,16-19
Sábado11Eclesiást. 48,1-4.9-1180 Mateo 17,10-13
Domingo12Isaías 35,1-6a.10146Santiago 5,7-10Mateo 11,2-11
Lunes13Núm. 24,2-7.15-17a25 Mateo 21,23-27
Martes14Sofonías 3,1-2.9-1334 Mateo 21,28-32
Miércoles15Isaías 45,6-2585 Lucas 7,19-23
Jueves16Isaías 54,1-1030 Lucas 7,24-30
Viernes17Génesis 49,2.8-1072 Mateo 1,1-17
Sábado18Jeremías 23,5-872 Mateo 1,18-24
Domingo19Isaías 7,10-1424Romanos 1,1-7Mateo 1,18-24
Lunes20Isaías 7,10-1424 Lucas 1,26-38
Martes21Cantar de los c. 2,8-1433 Lucas 1,39-45
Miércoles221Samuel 1,24-28 1Samuel 2,1-8Lucas 1,46-56
Jueves23Malaquías 3,1-4.23-2425 Lucas 1,57-66
Viernes242Sam. 7,1-5.8b-12.14a.1689 Lucas 1,67-79